

“No soy un robot (creo)” aborda el concepto de la identidad contemporánea como una construcción que, lejos de agotarse en la singularidad del individuo, se completa —y, en cierta medida, se disputa— en la mirada de los otros. En este sentido, mediante la intervención digital de sus propias imágenes, Pilar García Merino (Madrid, 1976) convierte el retrato fotográfico en materia susceptible de ser transformada, desfigurada y reinterpretada. De ese modo, allí donde el rostro debería confirmar una presencia, cada imagen activa en el espectador un proceso de extrañamiento. Porque entre lo que somos, lo que mostramos, y aquello que los demás creen ver en nosotros, se abre un espacio de indeterminación que nunca termina de resolverse por completo.
M. Castro Baro
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Muestra final del proyecto No soy un robot (creo) en Expositivos 26
Sala de Arte y Exposiciones El Palacín de León
La muestra final del proyecto No soy un robot (creo), diseñada y producida con motivo de la dotación de Expositivos 26, se compone de once (11) obras fotográficas y un audiovisual. El tratamiento digital de los archivos y la producción de las obras fotográficas fue llevada cabo en el estudio profesional de Auth' Spirit mediante la técnica de impresión giclée, sobre papel FineArt Hahnemühle Baryta; siendo posteriormente enmarcadas en el taller de Espacio_E con moldura arquitecto en madera lacada en color negro.
ORDEN DE OBRAS EDITADAS Y PRODUCIDAS
CON MOTIVO DE LA DOTACIÓN DE 'EXPOSITIVOS 26'
- 3 copias en papel Hahnemühle FineArt Baryta de 100 x 100 cm
- 8 copias en papel Hahnemühle FineArt Baryta de 60 x 60 cm
- 1 audiovisual

Imágenes fotográficas del proyecto No soy un robot (creo): ©Pilar García Merino
Tratamiento digital y preimpresión: Auth' Spirit
“Observar al otro implica, en cierto modo, experimentarlo desde dentro; lo ajeno se vuelve propio a través de un proceso de proyección e identificación inconsciente. (…) nuestra subjetividad se construye a partir de ese intercambio constante. En consecuencia, el retrato deja de ser una afirmación cerrada para convertirse en una sugerencia abierta, donde el espectador completa el sentido de la imagen a partir de su propia experiencia.
La ocultación —parcial o total— del rostro no implica una desaparición del sujeto, sino una reconfiguración de su presencia. El individuo deja de ser entendido como una entidad fija, reconocible y delimitada, para convertirse en un nodo dentro de una red de relaciones, contextos y significados. En este sentido, la identidad se plantea como una construcción colectiva, permeable y en constante transformación, cuya esencia puede residir tanto en el entorno como en los elementos que rodean o atraviesan al sujeto.”
Pilar García Merino



















